miércoles, 20 de junio de 2007

LA LOCA I


Me llamo Marina, pero todos me dicen “la loca”. He olvidado cuantos años tengo, aunque vago entre los treinta y los setenta, dando tumbos, unos días para un lado de la cuerda y otros para el contrario…
Vivo en un puerto de mar, y todos los días, sea invierno o verano, bajo a la playa y me acerco hasta la orilla del mar...
¿Qué hago?: lanzo un mensaje, ¡todos los días lanzo un mensaje al mar!

La verdad es que el mar me fascina. Una vez, hace mucho tiempo, escuché...,-o tal vez fue ayer y ya no lo recuerdo-, lo cierto es que escuché que al mar van a parar las penas, alegrías, lágrimas, amores, sueños, y desengaños... de todos los seres humanos.
Aquello me dejó confusa y pensé: los míos se pierden, pues yo no los lanzo al mar…
Desde aquel día voy todas las mañanas a la playa, y, escrito en un papel, pongo todo lo que pienso; a veces es un poema, otras un relato, las más un ruego, en algunas ocasiones un sueño…
El mar nunca protesta, siempre acoge amablemente todo aquello que le mando y, yo, me siento feliz llegando con mis pies descalzos hasta el pequeño borde de espuma que deja la ola al retirarse.
Durante muchos otoños, y primaveras, han pisado mis pies esa hermosa y dorada arena de mi playa; muchos mensajes y sueños ha guardado mi mar; pero nunca, nunca me había ocurrido lo que me ocurrió esta mañana...
Serían las nueve… Bajo tempranito para no molestar, y en cuanto la divisé, ya desde lejos, me percaté de que algo inusual le había ocurrido a mi querida playa: ¡ estaba toda nevada ¡
En todos los años de mi vida, no sé si treinta o setenta, habían visto mis ojos algo parecido.
Me quité los zapatos, como todos los días, y con los pies helados comencé a caminar hasta el borde, allí donde las olas dejan un rastro de espuma... Al irme acercando, vi unos bultos pequeños y blancos que bordeaban toda la costa. Escarbé en la nieve, de una manera compulsiva, para ver que era aquello, y el corazón se me hizo pedazos cuando comprobé que eran palomas muertas... ¡Dios mío, palomas muertas al borde del mar ¡
Algo muy grave debe de estar sucediendo, -pensé-, y yo…, yo solamente soy una loca que no tiene edad, y a la que no toma nadie en cuenta…
Me quedé prácticamente de hielo: entre el frío, la nieve y lo que acababa de encontrar no era para menos... Como no sabía que hacer empecé a llorar, y lloré, lloré..., y lloré…
Lloré tanto que, no se lo van a creer, pero la nieve de la playa se fundió, y pude enterrar en la arena a todas las palomas muertas que encontré. Me sentí mucho mejor después de esto, y, metiendo la mano en uno de mis bolsillos, saqué el mensaje que llevaba preparado para lanzar al mar, y lo leí en voz alta, antes de dejarlo entre las olas…
Era un ruego sencillo, como un susurro, casi como una oración…
Decía así:
POR FAVOR MAR, HAZ QUE EL HOMBRE DE LAS CARACOLAS VUELVA...
Esta mañana, lloré al lanzar mi mensaje al mar, pero eso solamente lo sabemos el mar y yo, y ahora también ustedes...

Lola Bertrand
(Escrito en una fecha indeterminada de la primavera de 2002)

3 comentarios:

Pilar dijo...

Me sorprendió este personaje ya en mi anterior lectura. Marina, mujer consciente de los ramalazos de su vida, y su relación con el mar.

Anónimo dijo...

Un relato realmente original, bello e interesante.
Saludos
Juanchu

Anónimo dijo...

Lo cierto es que la lectura me ha emocionado, Lola.
besos
Eva