lunes, 13 de agosto de 2007

LAVADO DE PELO


Es increíble pero ahora que estoy casi rozando los sesenta, es cuando vienen a mi memoria, con asiduidad, los acontecimientos de mi infancia…

Dicen que cuando tienes alzehimer los recuerdos más vívidos en tu presente son los del pasado, que olvidas los que acabas de comer, pero, sin embargo, recuerdas perfectamente una cena de hace cincuenta años…

Hoy fui a la peluquería, y mientras un jovencito me lavaba la cabeza a mi mente vivieron las manos de mi padre…

No recuerdo bien cuantos años tenía, ¿siete, ocho…? , era muy pequeña, pero lo que tengo grabado dentro de mí es el placer que le causaba a mi padre lavarme el pelo: era un rito sagrado en conjunción con el sol y la naturaleza.

Sacaba una jofaina, llena de agua tibia, al jardín y la depositaba sobre una banqueta, él se sentaba en otra y a su lado reposaba una gran jarra de latón rebosante de agua templada, después me hacía sentar en una sillita baja y, haciéndome echar la cabeza hacia atrás, sumergía mi melena pelirroja en el agua. No utilizaba jabón, ni champú: lavaba mi cabello con huevos frescos y masajeaba mi cabeza hasta casi producirme sopor.
-Los huevos son nutritivos – decía- dan fuerza a la raíz y estimulan el crecimiento del pelo.

Después lo enjuagaba y empapaba mi pelo en vinagre de manzana – vinagre hecho por él mismo, con sus propias manzanas- lo dejaba un rato en mi cabeza antes de volver a aclararlo en agua aún más abundante.
-El vinagre -me contaba- sirve para dar suavidad y luminosidad al cabello.
Después deshojaba varias rosas sobre mi larga melena y estrujaba y frotaba éstas entre mis cabellos, más tarde las hacía desaparecer entre la púas de un peine y me frotaba el pelo con una toalla seca para que se formaran mis rizos.

El secador natural era el sol.

(Por mi mente del siglo XXI pasan miríadas de champús, revitalizantes, vigorizantes, cremas suavizantes, espumas, geles, “looks”, extra rizos, húmedos, alisantes… ¡Cuánta basura!, pienso, cuanta mentira consumista cuando todo se reduce a unos huevos y a un chorro de vinagre…)

Ahora, que la vida me ha dotado de más años de los que puedo soportar, soy consciente de que mi padre adoraba mi pelo, creo que le fascinaba.

-Nena, tienes un arma tremenda en ti –me comentó más de una vez , sin que yo le entendiese- tu pelo, tu melena, no eres consciente de ello , pero hipnotiza, atrae… Tienes unos rizos dorados que se enroscan en el alma…

Yo la odiaba – a mi melena- , me trajo más de un disgusto, ya que, la voluntad de mi padre, casi una de sus pocas exigencias era que no me la cortara nunca… Incluso, cuando se quedó ciego, cada vez que se encontraba conmigo me palpaba el pelo para ver su longitud.
Ahora lo entiendo, entonces no…
Mi pelo me convirtió en una chica triste y tímida: era tan estruendoso, tan llamativo y dotado de vida propia que me lo recogía frecuentemente en coletas o colas de caballo. Me daba miedo ser tan diferente en ese aspecto.

A los catorce años, mi padre me llevó a un sarao nocturno: elegían a mi hermana mayor como Reina de Asturias y había que acompañarla, muchos amigos y conocidos se habían sumado a la fiesta; hoy día –no hace ni tres meses- han convertido ese lugar en un casino (para atraer al turismo, dicen…) y cada vez que paso recuerdo a aquél jovencito -guapísimo- que se me acercó aquella noche, más de cuarenta años atrás, para decirme:

-El foco que iluminaba a la reina pasaba directamente por tu pelo, no pude verla, mis ojos se quedaron prendidos en ti…

Lo odié en aquel instante –pobrecito mío- por sus palabras tan parecidas a las de mi padre. Insistió más de dos años para que lo nuestro fuera a más, pero yo nunca pude quererle. Hoy está muerto -Juan, amigo, perdóname- como muchos otros, como lo estaré yo en un futuro no muy lejano…

Me casé por primera vez un doce de julio –solamente tenía dieciséis años- , el trece de Julio nada más despertarme –en un acto total de libertad- me levanté temprano y , saliendo del hotel, me metí en la primera peluquería que encontré al paso:

-Quiero que me corte el pelo al rape – dije.
-Pero… ¿todo…?
-Todo… ( a mi mente vivieron las palabras –y el dolor- de mi padre cuando entré interna en el colegio)

Yo aún no lo sabía en esos momentos pero la siguiente vez en mi vida que alguien me cortó al pelo al rape fue en unas circunstancias mucho más dolorosas… pero, eso es otra historia…

Lola Bertrand

(pertenece al libro de relatos "Coletas Rojas")

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Una historia muy interesante. La disfruté.Saludos
Rafael

Anónimo dijo...

Lola como me gustan estas hustorias de vida, tienes un pelo marvilloso, el rojo es imponente.
Me hiciste recordar que mi mamá se lavaba el cabello con jabon de huevo.
feliciataciones por el escrito un beso myrt

Verónica Curutchet dijo...

LOLA, Y ESCRIBO EN MAYÚSCULAS NO PARA GRITAR SINO PARA QUE SE SEPAS QUE LO QUE TE VOYA DECIR SALE DEL FONDO DE MI ALMA CON TODO EL AMOR QUE TE TENGO. ES IMPRESIONANTE TU VIDA Y ES MARAVILLOSA QUE LA COMPARTAS CONMMIGO, ASÍ, TAN SIMPLE, TAN LLENA DE LUZ Y REFLEJOS COMO TU PELO.
TE QUIERO MUCHO, PERO MUCHOOOOOOO, DESDE EL OTRO LADO DE ESTE GRAN RÍO.

VERO

Virginia dijo...

Me ha encantado tu historia, he visto a tu padre lavándote el pelo y disfrutando con ello, tanto como tú que me lo has transmitido. Gracias. Un beso. Virginia

Anónimo dijo...

Creo que alguna vez, había leído como te lavaba el pelo tu padre y creo que por lo bonito no se me borrará de los cabellos. Tenés como le dije a Veronica esa capacidad de sacar las cosas del alma y trasladarlas al papel que uno se aisla del prsente y se mete en tus entrañas. Muy bueno

Gabriela Abeal.

Manuel Cubero Urbano dijo...

No es alzeimer ni nada parecido, lola. es mucho más sencillo, es la vida sin tanta mediatización como hoy nos toca vivir.
Evocador, Lola.
Manolo

Anónimo dijo...

Una historia maravillo que he disfrutado a placer.
Besos
Eva

Catalina Zentner dijo...

Una historia enternecedora que trajo a mi memoria los lavados de pelo de mi niñez, el enjuague era con limón...
Precioso relato.

Martha dijo...

Otra historia que nos deja con la sensación de querer saber más.
Maravilloso recuerdo, maravillosa la forma de narrarlo para que los que pasemos por aquí quedemos prendidos de tus palabras.
Bravo Lola

Martha Ferrari

CATI COBAS dijo...

Preciosa narración que no se me habíaolvidado pero que me ha gustado mucho releer. Cati

Anónimo dijo...

Siempre consigues emocionarme con tus relatos , Lola.
Ha sido un placer.
Mariam

Pablo F. dijo...

¡Qué joya de relato!

¡Qué cantidad de cosas tan importantes, dichas de un modo claro, sencillo, y hermoso!

Pablo

anngiels dijo...

hermosa historia, a veces recordar cosas de la infancia es a la vez dulce y amarga, yo tambien fui una de esas niñas a las que se le tenia como prohibido cortarse el cabello, trenzas y colas y moños odiados fueron parte de mi niñez, pero yo tardé mucho mas tiempo en cortarmelo tenia casi 30 años, pero volvi muy pronto a tnerlo largo, nunca me acostumbre a tenerlo corto, y hoy que si esta muy corto comparado con esa epoca añoro las trenzas de la abuela y los moños.
Me trajiste con tu escrito recuerdos bellos, gracias

anngiels ahora recordando con cariño

Julia del Prado dijo...

Encantador y tierno, abrazos, Julia

Gustavo Tisocco dijo...

Bello texto Lola, bellos recuerdos muy bien plasmados...
Un abrazo Gus.