martes, 25 de agosto de 2009

EN ESE HUECO VERDE DE LA NOCHE


Estaba sentada allí, en ese hueco verde que la noche tapiza de innumerables palabras.
Sus manos descosían pétalos de un ramillete de margaritas: ¿me quiere, no me quiere?, susurraba el aire que se había vuelto frágil al contacto con su voz.
De pronto, de la punta de aquellos dedos, empezaron a brotar flores, que en su caída hacia su falda, formaban un arco-iris de sueños y esperanzas.
Caléndulas anaranjadas.
Brotes blancos de jazmín, para la piel.
Nomeolvides azules para aquellos añorados ojos.
Violetas púrpura para el miedo a perderle.
Rojos capullos de un rosal lleno de pasión.
Sintió temor ente aquella cascada de sentimientos. Él estaba al otro lado de la valla: en el lugar prohibido, y sin embargo, las flores, sus flores compartidas, le gritaban amor.
Y descendió la luna hasta el lugar etéreo que separaba sus dos cuerpos, y formó un estanque donde se encontraron todos los besos de sus ojos y, aunque nunca coincidieron, allí se encuentra deshojando pétalos, en ese hueco verde de la noche por donde, algún día, penetrarán sus amados sueños…
Sobre tu espalda de sombras, crecerán lirios salvajes, y nunca sabrás que son mis besos…
Lola Bertrand

sábado, 20 de junio de 2009

EL CALOR

Un piélago de luz reverbera en el centro del paisaje, mientras la noche se desliza sudorosa por el aura azul de un millón de estrellas.
Hay quietud hasta en las alas de los grillos, los olivares cantan, entre sus hojas, un silencio denso que va rompiendo, en gotitas, todos los sueños y la sed de nuestros cuerpos…
Entre las sombras, recorro con las manos tu sudor que me deja impregnada de deseo; sólo me calma el eco de tu lejana voz, el recuerdo a mar de tus pupilas donde un horizonte infinito guarda nuestros besos.
Cuando vuelva el sol a quemar mis retinas, en esa deslizante agonía de horas muertas, recordaré el frescor llameante de tus suspiros, mientras me llamabas en la intima oscuridad de mis entrañas.
Tus dedos desmenuzan palabras sobre mi lengua,
el calor las derrite
y la tarde, castigada de espejismos,
devuelve la sensatez
a unos pies cansados
que roturan de caminos nuevos la campiña…
Lola Bertrand

viernes, 29 de mayo de 2009

EL TIEMPO

El tiempo se volvió frágil:
palpó con suavidad
las palabras en Morse que le dejaban los días
sobre un túmulo
de barbaries y sangre.
Y toda la tierra tembló bajo la mirada de los muertos.
El tiempo se volvió
dueño y señor de las gargantas rotas,
del trasvase de miserias,-agua y lodo-que poblaban
el horizonte gris de miles de grupúsculos humanos.
Y el aire lloró tanto que arrasó miles de lágrimas.
El tiempo se tornó grillete de la ilusión
dentro de los ojos que soñaban utopías en colores diferentes.
Y un alambre de púas separa nuestras soledades…
Lola Bertrand

domingo, 15 de marzo de 2009

ESPASMOS

Y la noche reventó en metralla. Dentro de ti, dentro de mí, los gusanos horadaban la materia.
¡Tanto dolor!
Se tocaron nuestras manos donde nadie nos veía. Una palpitación de luz brotó de las yemas que había respetado el otoño.
Estoy tan cerca que no puedes verme…
¿Qué importa el mundo si yo te acojo en la humedad de mi vientre de arena?
Explosionó la sangre entre Oriente y Occidente. Demasiados ojos dejaron de mirar hacia el futuro. Y yo, mientras tanto, imaginaba que tu pecho subía y bajaba al compás del mío.
Excesiva materia se va quedando en los caminos convertida en barro.
Fui tallando cada uno de tus rasgos dentro del hueco de mis manos, ¡tenía tanta hambre de piel y sueños!
Innumerables gotas rojas habitan en el centro de la luz.
Nadie nos explicó que fuera tan difícil caminar, ni que hubiera tantos agujeros negros dentro de la luna, ni tampoco que los mapas acabarían convirtiéndose en laberintos sin salida. Tejí paciente un lugar, minúsculo y transparente, en donde poner acunar las pocas lágrimas que guardábamos en los ojos.
Trencé con nuestras voces las cintas de una cometa, y dejé que el viento la transportara hasta el futuro. Me llenaban de temor los desequilibrios sísmicos-síquicos que a cada vuelta del reloj nos regalaba la humanidad.
Ahora…
Espero paciente, y el sufrimiento se ha convertido en espasmos.
Lola Bertrand

lunes, 8 de diciembre de 2008

MIENTRAS LA MIEL SE AVINAGRABA AL SOL

La sequedad del aire
persigue mi piel con un macabro grito de uñas.
Cógeme la mano:
el tiempo amasa demasiado rápido
los adioses.

Están sembrando lunas bajo mi almohada
y tengo miedo,
he podido sentir marchitarse los jazmines,
desmoronarse el dolor en las grietas de mi propia faz
mientras la miel se avinagraba al sol.

Barro y luz
moldean un grotesco árbol
con arterias de moho,
desprovisto de nombre y de raíces.

La locura expulsó
sobre mi garganta de cristal,
un aborto salvaje de reproches amarillos
¡Demasiadas horas se tornaron negras
soñando amaneceres!
Por eso lloro…
Lola Bertrand

martes, 11 de noviembre de 2008

DIARIO ATÏPICO DE UNA DROGADICTA

Droga: mezcla explosiva de palabras y silencios. La sangre atesora mensajes que los oídos no escuchan.
Droga sinuosa, reptante; atraviesa la piel en una cápsula de voces confusas. Anida en las células, abriendo surcos de dolor en el cerebro…

“Esas palabras no son mías, las carga en su espalda la decrepitud de la noche, Yo pienso en ti y te inyecto en vena. Eres el único resquicio de cordura que hay en mi cerebro”.

Droga: sustancia extraña que penetra en las raíces hasta poseerlas. Obsesión por descubrir la sombra de otro cuerpo en el interior de los espejos.

“Un ápice de cordura –ternura fotografía tu imagen en el fondo de mis pupilas. Beso tus labios, gélidos de amor, y me penetra el dolor en las entrañas. Aún no han enloquecido mis párpados, pero ya falta poco, siento la arena del deseo penetrando en mis ojos”.

Droga: inyección letal de sustancias ajenas al cotidiano flujo de las horas.
Materia incandescente que se nutre de las notas de un clarinete, el olor a mar y unas miradas ahítas de promesas.

“Recuerdo el instante exacto en que tu esencia penetró en el pozo de mis necesidades más urgentes. El grito de sal que me alcanzó; tu cristalino atravesando el mío con una urgencia y necesidad tal, que mi mundo tembló y se resquebrajaron las bases acartonadas de mi propia existencia. Desde entonces tengo sed. Una sed inmensa. Una sed que asfixia y reseca el aire, y que en la noche se acrecienta”.

Droga. La papelina que tengo entre las manos lleva una inscripción: tú…

“El grado de adicción a que llega mi dependencia convierte la oscuridad en una boca gigantesca. Una boca sin labios, ni besos azules y calientes. Acabo de inyectarme todos los gramos que me quedaban de ti. He perdido toda la dignidad y compostura que llevo tras la careta de decencia.
Mañana tendré que mendigar otra dosis…”
Lola Bertrand

sábado, 18 de octubre de 2008

ESCUCHA, ULISES


Escucha, Ulises, mi amor, estás trazando círculos dentro de mi mar y aunque percibes mi presencia, aún no sabes que existo…

Ulises, amado mío, no soy esa roca imantada que te atrae por su estoica fuerza. Ni tampoco ese ilusorio canto de sirenas que enciende tus sentidos desde regiones insondables al otro lado del mar.

Soy yo: tu Penélope olvidada, tu hembra silenciosa, la mujer araña de tus días, la que siempre está cerca de tus lamentos y de tus risas, la que aplaude tus victorias y empapa en su paño de universos paralelos tus derrotas.

Posa, Ulises, las plantas de tus pies sobre el tapiz de realidades que mis hilos nocturnos tejen.
Dentro de mis ojos habitan todos lo colores que contiene el cosmos.
¡Míralos!, tan sólo has de anclar tu barca y mirarlos un instante.
Circunvala tu mundo, con esas alas de libertad que te has pintado, pero vuelve a mí, endereza la proa de tus labios hacia los míos.
Rompe las cadenas de muros acristalados que nos separan, deja de gemir al viento, porque el viento habita en mi vientre que te aguarda.

Escucha, Ulises, mi cielo de tormentosos azahares, espasmos de tu pecho, llegan hasta mi pecho de olvidos y no hay dolor que te aqueje que no sienta en mis carnes, pero…
Ulises, Ítaca te espera, no lo hagas por mí, hazlo por ellos.

(He visto una botella, con mensaje, danzando entre el oleaje del mar, pero, mi ánimo de sueños grises, me ha impedido acercarme a ella.)
Lola Bertrand